Usá auriculares para grabar y monitores para editar. Esa es la respuesta corta. Y si solo tenés presupuesto para uno, que sean auriculares cerrados de respuesta plana. Ahora viene la parte larga, que es donde la mayoría se pierde.
El monitoring es probablemente el eslabón más ignorado de la cadena de locución. Todo el mundo habla del micrófono, del preamp, del tratamiento acústico. Pero nadie pregunta con qué estás escuchando lo que grabás. Y resulta que escuchar mal es tan problemático como grabar mal — porque si no escuchás el problema, no lo corregís.
Auriculares cerrados: la herramienta de grabación
Cuando estás grabando, necesitás escucharte sin que el audio se filtre al micrófono. Eso descarta los auriculares abiertos y los monitores de estudio por completo. Los auriculares cerrados aíslan el sonido y te permiten monitorear en tiempo real mientras grabás sin crear un loop de feedback o contaminar la toma.
Un estudio de la Audio Engineering Society de 2019 encontró que la filtración de audio de los auriculares abiertos puede aumentar el piso de ruido de una grabación vocal hasta 6 dB en frecuencias medias. En locución profesional, donde el silencio entre frases importa tanto como las palabras, eso es inaceptable.
Pero acá viene el matiz: los auriculares cerrados no son todos iguales. Los que vienen con el celular tienen una respuesta de frecuencia diseñada para que la música suene "emocionante" — graves inflados, agudos brillantes. Eso es exactamente lo que no querés cuando monitoreás tu voz.
Lo que buscás es respuesta plana. Auriculares que reproduzcan lo que hay, no lo que el fabricante cree que querés escuchar. Los Sony MDR-7506 llevan décadas siendo el estándar de la industria por algo — cuestan alrededor de 100 dólares y tienen una respuesta lo suficientemente honesta como para detectar problemas. Los Audio-Technica ATH-M50x son otra opción sólida en ese rango de precio.
¿Por qué no monitores para grabar?
Porque a menos que tengas una cabina insonorizada de verdad, el audio de los monitores va a volver al micrófono.
Y no, bajar el volumen no lo resuelve. El micrófono de condensador que usás para locución es sensible precisamente porque está diseñado para captar sutilezas — y eso incluye el rebote de tus monitores contra las paredes. Aunque no lo escuches con tus oídos, está ahí. Aparece como una coloración rara en la grabación, un eco fantasma que no podés identificar pero que el editor sí va a notar.
(Me acuerdo de un cliente que juraba que su sala sonaba perfecta hasta que le pedí que grabara con auriculares en vez de monitores. La diferencia fue tan obvia que me llamó para disculparse por haberme discutido durante tres meses.)
Monitores de estudio: la herramienta de edición
Cuando terminás de grabar y pasás a editar, los auriculares se vuelven un problema. Escuchar con auriculares durante horas fatiga el oído de una manera específica — la proximidad del sonido a tu tímpano crea una presión que distorsiona tu percepción después de un rato.
Los monitores de estudio te dan perspectiva. Escuchás el audio en un espacio, con aire entre vos y el sonido. Eso te permite detectar problemas de fase, resonancias de sala, y sobre todo, el balance tonal real de tu grabación.
¿Qué monitores necesitás para locución? No los más caros. La voz humana ocupa un rango de frecuencias relativamente estrecho — entre 85 Hz y 8 kHz para la mayor parte de la energía espectral, según datos de la International Telecommunication Union. No necesitás monitores con respuesta de subgraves para grabar un spot de radio.
Un par de Yamaha HS5 o KRK Rokit 5 te van a servir perfectamente bien para detectar problemas antes de que lleguen al cliente. Lo que sí necesitás es ubicarlos bien — a la altura de tus oídos, formando un triángulo equilátero con tu cabeza, alejados de las paredes.
El error del monitoring con una sola herramienta
Mucha gente elige uno u otro y trabaja exclusivamente con eso. Es entendible — el presupuesto no da para todo. Pero cada herramienta tiene un punto ciego.
Los auriculares exageran los detalles. Escuchás cada respiración, cada click de saliva, cada ruido de boca como si fuera enorme. Eso te lleva a sobre-editar, a limpiar cosas que nadie va a notar en los monitores del cliente. Y te volvés loco editando durante horas algo que iba a sonar bien de todas formas.
Los monitores, por otro lado, esconden los detalles finos. Una respiración que suena perfectamente natural en los monitores puede sonar invasiva en los auriculares del oyente final. Y dado que la mayoría del contenido digital se consume con auriculares — más del 70% según un informe de Edison Research de 2023 — ese detalle importa.
La solución es alternar. Grabás con auriculares cerrados. Editás con monitores. Y antes de entregar, verificás con auriculares de nuevo. Ese ciclo de tres pasos te atrapa el 90% de los problemas que una sola herramienta dejaría pasar.
¿Qué pasa si tu sala no está tratada?
Este es el escenario real para la mayoría de los locutores con home studio. Tenés una sala que no es perfecta, quizás con algo de tratamiento básico pero lejos de ser una cabina profesional.
En ese caso, los monitores te van a mentir. Lo que escuchás no es solo tu grabación — es tu grabación más las resonancias de tu sala, más las reflexiones de las paredes, más el ruido de la calle que se cuela. Los monitores revelan la acústica de donde estás sentado, no necesariamente la verdad de tu archivo.
Los auriculares, paradójicamente, te dan una imagen más honesta de lo que realmente grabaste. Aíslan la grabación del entorno. Por eso, si tenés que elegir uno solo, los auriculares son la opción más segura para un home studio que recién empieza.
Pero — y esto es importante — los auriculares te van a mostrar problemas de sala en tu grabación que los monitores esconderían. Así que en realidad terminás con información más útil, aunque menos agradable de escuchar.
La fatiga auditiva es real
No es un mito ni una excusa de audiófilos. Escuchar con auriculares durante más de dos horas seguidas degrada tu capacidad de tomar decisiones de mezcla. Tus oídos se acostumbran a lo que están escuchando y perdés perspectiva.
La recomendación estándar es tomar un descanso de diez minutos cada hora de trabajo con auriculares. Con monitores podés estirar eso un poco más, pero tampoco indefinidamente.
Esto tiene implicancias prácticas para sesiones largas de edición. Si estás procesando un módulo de e-learning de dos horas, no lo hagas todo de corrido con auriculares. Dividí el trabajo, alterná entre herramientas de monitoring, y sobre todo: hacé pausas. Tus decisiones de edición a la hora tres sin descanso no van a ser las mismas que a la hora uno.
Un error que veo seguido
Gente que compra monitores carísimos y los pone directamente sobre el escritorio, pegados a la pared, sin ningún tipo de aislamiento. Y después se preguntan por qué su mezcla suena distinta en otros sistemas.
Los monitores profesionales revelan problemas — pero solo si están bien ubicados. Contra la pared, los graves se inflan por las reflexiones. Sobre el escritorio sin almohadillas de aislamiento, transmiten vibración a la superficie y la superficie resuena. En un ángulo incorrecto, el punto dulce se desplaza y escuchás una versión desfasada de tu audio.
Si vas a invertir en monitores, invertí también en el setup. Stands o soportes de escritorio con aislamiento. Alejados de las paredes por lo menos 30 centímetros. Orientados hacia vos, no hacia la pared del fondo. Esos detalles importan más que la marca del monitor.
Para locutores que están empezando
Comprá auriculares cerrados de respuesta plana primero. Punto. Los monitores vienen después, cuando tengas una sala que merezca tenerlos y un flujo de trabajo que los necesite.
Con 100 o 150 dólares tenés auriculares que te van a servir durante años. Los Sony MDR-7506 que mencioné antes, los Audio-Technica ATH-M50x, los Beyerdynamic DT 770 Pro — cualquiera de esos funciona. Lo que no funciona son los auriculares gaming con "sonido envolvente virtual" ni los Beats que te regalaron en navidad.
El trabajo compra el equipo. Cuando tengas suficientes proyectos encima como para justificar monitores, vas a saber exactamente qué necesitás porque vas a haber sufrido las limitaciones de trabajar solo con auriculares. Ese sufrimiento es información valiosa — no lo evites gastando en monitores antes de tiempo.
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