Pedí WAV 48kHz/24-bit. Siempre. Es el formato que te da más flexibilidad para postproducción y el que cualquier editor de video o audio puede manejar sin problemas. Si tu locutor te entrega MP3 por defecto sin preguntarte, ya tenés información valiosa sobre cómo trabaja.
Ahora, ¿por qué esto importa tanto? Porque el formato de archivo determina qué podés hacer después con ese audio. Y en locución profesional, "después" incluye ecualización, compresión, mezcla con música, sincronización con video, y a veces re-ediciones que el cliente pide seis meses más tarde cuando cambia el número de teléfono del spot.
El WAV es tu seguro contra todo
Un archivo WAV sin comprimir a 48kHz/24-bit ocupa más espacio que un MP3. Eso es cierto. Pero estamos hablando de locución, no de discografías completas. Un spot de 30 segundos en WAV pesa unos 7MB. Tu teléfono tiene fotos de almuerzo que pesan más que eso.
La ventaja real del WAV es que no pierde información. Cada vez que comprimís audio a MP3, el algoritmo descarta frecuencias que considera "innecesarias". El problema es que esas frecuencias a veces son las que hacen que una voz suene natural, presente, con aire. Según un estudio de la Audio Engineering Society, la compresión MP3 a 128kbps puede eliminar hasta el 90% de la información del archivo original, algo que se vuelve audible cuando ese audio pasa por más procesamiento.
Y vas a procesarlo. Tu editor de video va a ecualizarlo, tu ingeniero de mezcla va a comprimirlo, y si el spot va a televisión, la cadena va a aplicar su propio procesamiento. Cada paso degrada un poco más el audio. Si empezaste con WAV, tenés margen. Si empezaste con MP3, estás degradando algo ya degradado.
¿Cuándo está bien pedir MP3?
Para referencias internas, demos que van a morir en un email, o versiones que sabés que van a descartarse apenas el cliente apruebe. Ahí el MP3 a 320kbps funciona perfectamente y pesa menos. Pero nunca para el master final.
También hay un caso de uso legítimo: cuando necesitás subir el audio a una plataforma web que va a recomprimirlo de todas formas. Si tu podcast host convierte todo a 96kbps de todas maneras, mandarle un WAV de 50MB es cortesía innecesaria. Pero incluso ahí, yo guardo el WAV original por si algún día necesito otra cosa.
AIFF, el WAV de Apple
Si trabajás con editores que usan exclusivamente Mac y Final Cut Pro, puede que te pidan AIFF. Es esencialmente lo mismo que WAV en términos de calidad, solo que con una estructura de archivo diferente que Apple prefiere. Cualquier estudio profesional puede entregarte ambos sin problema porque la conversión es instantánea y sin pérdida.
(Dicho esto, en mis 20 años nunca tuve un cliente que rechazara un WAV porque usaba Mac. Final Cut abre WAV sin quejarse. El pedido de AIFF suele venir de alguien que leyó en algún lado que "es mejor para Mac" sin entender por qué.)
La frecuencia de muestreo importa más de lo que pensás
48kHz es el estándar para video. 44.1kHz es el estándar para audio musical (CDs, streaming). Si tu locución va a un video, pedí 48kHz. Si va a un podcast o una pieza de audio que nunca tocará video, 44.1kHz está bien.
¿Por qué importa? Porque cuando mezclás audio de diferentes frecuencias de muestreo, el software tiene que convertir uno al otro. Esa conversión introduce artefactos sutiles. ¿Son audibles? Probablemente no en la mayoría de los casos. ¿Es mejor evitarlos? Absolutamente. Y la forma de evitarlos es pedir desde el principio el formato que vas a usar.
La profundidad de bits: 16 vs 24
Esto suena técnico y lo es. 24-bit te da más rango dinámico y más espacio para editar sin introducir ruido. 16-bit es suficiente para el producto final que escucha el público. Mi recomendación: pedí 24-bit para los archivos de trabajo y dejá que tu ingeniero de mezcla haga el downsampling a 16-bit si es necesario para la entrega final.
¿Alguna vez escuchaste esos comerciales de radio donde la voz suena "aplastada", como si estuviera peleando con la música por espacio? A veces eso viene de un archivo que ya llegó con poco headroom, grabado o entregado en 16-bit con niveles demasiado altos. El ingeniero no tiene con qué trabajar.
El naming de archivos también es formato
Parece menor pero no lo es. Un locutor profesional entrega archivos nombrados de forma clara: "ClienteX_Spot30s_EspNeutro_V1.wav". Un amateur entrega "audio_final_FINAL_v3_USARESTE.mp3".
Cuando trabajás el proceso de locución completo, el naming consistente te ahorra horas de confusión, especialmente en proyectos con múltiples versiones, múltiples idiomas o múltiples duraciones. Yo tengo un sistema que incluye cliente, proyecto, duración, idioma y número de versión en cada archivo. No porque sea obsesivo, sino porque una vez perdí dos horas buscando cuál era la versión aprobada de un spot que tenía seis variantes.
Stems vs archivo mezclado
A veces necesitás los stems separados: la voz sola, sin música ni efectos. Otras veces necesitás el archivo ya mezclado con la música que el cliente proporcionó. Y a veces necesitás ambos.
Aclaralo antes de grabar. "Necesito el WAV de voz limpia más una versión mezclada con el music bed que te mandé" es información que afecta cómo organizo la sesión. Si me pedís los stems después de que ya exporté todo, puedo hacerlo, pero me lleva tiempo volver a abrir el proyecto.
¿Y si el locutor te ofrece formatos que no pediste?
Aceptalos. Que te manden el WAV, el MP3 y el AIFF juntos en un ZIP no te cuesta nada y te puede ahorrar un email en el futuro. Pero verificá que el WAV esté ahí, porque es el único que te sirve como master.
Y una cosa más: si tu locutor te entrega solo MP3 sin preguntar y sin ofrecer WAV como opción, probablemente no tenga un workflow profesional. Un estudio serio graba en alta calidad y entrega en el formato que el cliente necesita, que por defecto debería ser el de mayor calidad disponible.
El formato correcto depende del destino final
Para broadcast de televisión, WAV 48kHz/24-bit. Para radio, lo mismo. Para web y redes sociales, WAV como master y MP3 320kbps para las versiones de distribución. Para e-learning y módulos interactivos, preguntale a tu desarrollador qué acepta la plataforma, pero siempre guardá el WAV original.
Si querés evitar errores en la contratación, incluí los requisitos de formato en tu brief inicial. Un profesional te va a responder "sin problema" y te va a entregar exactamente eso. Un amateur te va a preguntar qué es 48kHz.
El backup que casi nadie pide
Pedí que el locutor guarde el proyecto de grabación por al menos 30 días. Así, si necesitás una re-edición menor, como un pick-up de una palabra o un ajuste de timing, puede reabrir la sesión sin volver a grabar todo. Esto me ha salvado de emergencias más veces de las que puedo contar. Un cliente que necesita cambiar "promoción válida hasta marzo" por "promoción válida hasta abril" no debería requerir una nueva sesión completa.
¿Necesitás una locución en español para tu próximo proyecto? Escribime y te respondo en menos de una hora.



